Ya déjalo, ya está muerto… Crónica de un duelo por ruptura amorosa en la era digital

Se sugiere al lector escuchar esta canción de manera simultánea a la lectura.

“El tiempo se fue y no puedo detenerlo…” Desde que era niña, me ha distinguido un excelente instinto. Cuando tenía 16 años, bajé abruptamente, sin razón aparente, del microbús en el que viajaba. No sé cómo y tampoco sé por qué, pero sentí la necesidad de huir. En la siguiente parada, dos sujetos se subieron a asaltarlo.

En otra ocasión, al bajar del microbús tomé mi boleto del metro y unos sujetos me ofendieron al pasar con su camión. Yo me enojé y los insulté, por lo que uno de los sujetos se bajó del transporte y se dirigió a mí. Yo corrí y, puesto que tenía el boleto en la mano, pasé rápidamente por los torniquetes y abordé el metro que, por fortuna, llegó justo en ese instante. Jamás volví a contestar insultos en la calle.

En varias ocasiones hui de hombres que trataron de hacerme daño; y la mayor parte de las veces sé cuando alguien me miente. Si eres como yo, entenderás de qué hablo. Entenderás que tu instinto es el arma más poderosa que tienes, que te librará o te ha librado de líos antes de estar en ellos.

Esta nota no parece estar vinculada con el duelo, sin embargo, lo está.

Todo empezó desde aquí

Hace un año tuve que finalizar la relación más importante de mi vida. Recuerdo cuándo acabó. No, no fue el día que lo dejé; fue un domingo a las 9:00 a.m. Él llegó muy tarde a nuestra cita con una actitud especialmente distante, jamás volvió a ser como cuando nos conocimos. Pocas veces, o tal vez nunca, entendí la función de estar conmigo, pues éramos personas muy distintas: Yo solía ser risueña, muy amiguera y de carácter altamente sociable; él, sumamente brillante, pero reservado y  en ocasiones, agresivo. Cuando nos conocimos no se cansaba de decirme lo afortunado que se sentía de estar conmigo, pero un día, recuerdo el día exacto, simplemente se fue.

Pese a tener sospechas que explicaban su cambio, quise pensar lo mejor de él. Grave error. Yo sabía que algo estaba mal y lo confronté en más de una ocasión: “Si yo no te quisiera, no estaría aquí”. Esa es la mentira más grande que no sólo me ha podido decir él, sino toda esta cultura que siempre tiene alguna excusa para la falta de compromiso. A la mala, entendí que existen muchos motivos para estar con alguien, y es frustrante e hiriente, porque todo parecía indicar que el único y el más importante de los motivos debería ser la existencia del amor mismo; pero la dependencia, el narcicismo, la soberbia, la violencia y hasta la tristeza son elementos “suficientes”, aceptados y naturalizados para unir a una pareja.

Vivimos en una época tan individualista que los motivos “negativos” cada vez son más frecuentes. Aprender a vivir con uno mismo, en soledad y en quietud, son retos cada vez más grandes y complejos que pocos están dispuestos a contraer.

“¡Si para estar contigo debo dejarme a mí también!”

Estar juntos no fue la época más feliz de mi vida, no obstante, estuvo llena de aprendizaje.

A las mujeres nos enseñan a aguantar, porque “las relaciones no son fáciles” o “alguien tiene que ceder”. Nos enseñan a conformarnos con lo que tenemos porque “nadie nos va a querer” por la razón que sea: porque nos enseñaron a no querer y aceptar nuestros cuerpos, a que “no somos suficientes”, a que “hay mucha competencia”, a que “se nos está yendo el tren”. En una cultura que nos bombardea con información que nos enseña a no amarnos, el resultado es vernos atrapadas en relaciones en las que no somos amadas, valoradas ni respetadas.

Cuando decidí dejarlo ir, tomé algunas medidas que me ayudaron bastante a superarlo de la manera más sana posible, las cuales enlisto a continuación:

Déjalo ya está muerto

Ghosting

Es una práctica muy común que no es recomendable por la siguiente razón: la persona desaparece sin decir por qué. Al vivir en una era donde somos fácilmente localizables, la realidad es que la gente cada vez más detesta llamar por teléfono, y si alguien decide desaparecer de nuestras vidas, simplemente llamarla o visitarla no parece una buena idea, de hecho, ni siquiera parece una posibilidad.

El afectado puede ver perjudicada su autoestima, ya que puede preguntarse de manera reiterada porqué ha ocurrido o qué pudo haber hecho mal para que alguien desapareciera de su vida.

Lo que nadie ha dicho sobre el ghosting es, ¿qué hacer cuando la persona a la que queremos eliminar es ególatra, o hasta narcisista? Por supuesto que esta práctica puede mermar su “alta estima” pero al final esto no importa si quien causó el daño fue él mismo.

Estado de Facebook

Este no fue mi caso, pero si eres de los que acostumbran a cambiar su estado de Facebook para indicar su estado civil, te recomiendo dejar de hacerlo, pues si bien los primeros días recibirás muchas felicitaciones, al término de la relación te verás evidenciado, lo que traería consecuencias a tu autoestima y podrías caer en un círculo vicioso.

Borra las conversaciones

No necesitas el recuento de todas las mentiras que te dijo. Puede que haya dicho algunas verdades, sin embargo, no está en tu poder saber qué es y qué no es. Es gratificante ver cómo se borra esa información. Al final, dejar ir bits es como dejar ir el agua del inodoro… y su contenido.

Indirectas

Te advierto: Tus redes sociales saben que terminaste una relación, por lo que cada vez te enviarán más información al respecto: desde videos terapéuticos o de meditación (si eres una persona espiritual) hasta mensajes y memes hirientes, tanto para ti como para la o el implicado. Te sugiero no compartir para evitar que sigan apareciendo en tu timeline, así sacarás de tu vida el tema con mayor velocidad. 

En caso de infidelidad

Si te has enterado de que te han sido infiel, JAMÁS revises el perfil de la o el posible amante, ¿por qué?, porque encontrarás información que no es sana ni útil para tu duelo, al contrario, tu proceso se alentará y tu autoestima se verá muchísimo más afectada.

Deshacerse de objetos

Entre las valiosas posesiones que me dejó hay invaluables tesoros de valor sentimental. No sabía cuántas cosas tenía de él hasta que las vendí, regalé, incluso escondí para deshacerme de ellas cuando sea pertinente.

De repente me di cuenta de lo tremendamente simbólicos que pueden llegar a ser los objetos. El objeto en sí no es nada, diría Lipovetsky, sino el significado que le damos nosotros mismos. En mi “retorcida” mente, tenía todo un altar de cosas suyas mirándome cada día, mientras descansaba en mi sala, y eso debía terminar.

Deshacerse de fotos

Descubrí que tenía un respaldo con fotos donde estábamos juntos. No fue fácil ni lo hice en un momento. Varias madrugadas me senté a llorar frente a la computadora, al ver como esos recuerdos se disolvían en bits y bits de información que se esfumó, pero al final fue un peso menos con qué cargar. Me quedó una sensación de bienestar con la que me sentí muy orgullosa.

Espacios físicos

Dejé de frecuentar todos los lugares que nos gustaba visitar, dejé de ir a comer donde acostumbrábamos y, por supuesto, el lugar donde lo conocí.

Reconocer tus emociones

Quisiera decirles que ya lo perdoné, sin embargo no es así. Lo odio, y ya no me cuesta expresar lo que siento. Nos educan para callar nuestras emociones, a negarlas y ocultarlas porque “está mal odiar”, llanamente, sin explicación; eso es un grave error. Por el contrario, hay que reconocerlo, aceptarlo y dejarlo salir, porque sólo así aprendemos cómo nos enojamos, nos conocemos a nosotros mismos y aprendemos a lidiar con nuestras emociones.

No me voy a reprimir porque “lo correcto” es no darle importancia. Él me importaba, por eso me duele tanto; sin embargo, no lo vale, y por ello vale gritar y llorar ahora para que, lejos de cansarme y “enloquecer” como lo piensan y afirman los otros, esto se vaya cuanto antes y, como las heridas, cicatrice y sane.

Ojo: El hecho de que todo esto me haya funcionado no significa que sea eficaz para todos.

“Aquí ya no hay un lugar para los dos”

Esta cultura nos enseña, sobre todo a las mujeres, que la abnegación es el modo más infalible para retener a un hombre, pero no es así; ésta sólo les hace crear un vínculo basado en la dependencia y en la violencia, por eso ellos no se atreven a abandonarnos, ni nosotras a ellos/ellas.

Esta pésima educación sentimental es la causa de la infelicidad de millones de personas. La lección más valiosa que me ha dejado esta experiencia es que: “no se trata de estar acompañado, sino de estar bien”. Uno debe amarse, así, llanamente. Debemos amarnos porque somos el cuerpo que habitamos.

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Sol Girón

Username: Sol Girón

Egresada de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM y con una pretenciosa licenciatura en Lengua y Literaturas Hispánicas, se ha dedicado a la docencia, al marketing digital y a la gestión de redes sociales. Le interesan la política, la moda, el transcurrir del tiempo, los universos paralelos, los temas de género; es memera de corazón y sarcástica por vocación. Melómana empedernida, amante de la narrativa contemporánea, del café y de toda la cultura vanguardista, no tiene algo más original que ofrecer además de historias desequilibradas y faltas de sentido.

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