Víctimas del Black Mirror

Fakebook

Observarás fijamente

la confundida expresión del niño

sosteniendo tu mirada

en ojitos hundidos de piel arrugada,

de tristes tonos purpurinos

la yema de su dedo

que es el tuyo

colándose entre fantasías

unas pocas ilusiones de likes en la pupila

oportunidades masivas viajando en microondas

sistema-mundo desbordándose al eléctrico compás

de clicks/serotonina

comprueba

que no eres

un robot

pero el niño no es alicia

el espejo de oesed, no puede atravesar

los anhelos reflejados, jamás logrará alcanzar

y contra cuatro pobres paredes

se vuelve loco por no calcar

ese utópico reflejo

sobre su soma mortal

¿ut sere néiuq?

¿ut sere néiuq?

Máscara dorada

Abrirás tu portal preferido

para fugar las heridas

de avidez destazada.

Alguna piel anónima

en cuadri-culada,

dis-puesta alrededor,

dis-puesta al dolor.

Vagando entre casillas,

confundiendo torpemente

lo cerca con cercanía,

te distorsionas en fragmentos

que invitan al deseo:

¿te gusta lo que ves?

¿te excita lo que ves?

Se-paras tus cuencas y valles mostrando terreno,

dejando a la lluvia trazar sus riachuelos,

descubriendo tu carne permites la movida

lejanía contra lascivia,

entrelazadas,

negro entre negro,

partes medias,

mancha tras mancha;

sorbes/lactas,

terminas

la función sin despedida,

tú sabes bien que regresarás

a cada pulsión no contenida,

pues tu entrada pide más

visitas bien-venidas.

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Luis A. Morán

México, 23 años

Joven oaxaqueño, estudiante de antropología social. Ha publicado un par de haikus en la extinta revista “Gata que ladra”.

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