Lupe

Siempre pensé que la soledad compartida es más llevadera. Desde que conocí a Lupe, esa idea se reafirmó. Quizás, como todo, la felicidad sólo sea completa cuando tienes alguien con quien compartir.

Pero llegó un aciago día, apareció un virus en un chino, a través de un murciélago o de un cerdo, ¿qué más da?, nos trajo un virus muy jodido; tan jodido que la humanidad quedó encerrada en su casa para evitar lo que a nadie nos gusta anticipar, el encuentro con “La Parca”. Y fue el momento de la prueba definitiva; de la prueba de amor, de compartir juntos tantos días atrapados en nuestro apartamento. Conviene señalar que mi apartamento no es grande, todo lo contrario; aunque para los dos bastaba… Hasta quedar confinados.

Al no poder trabajar, follábamos, mucho al principio, menos después y ahora casi nada. Yo perdí el trabajo, soy albañil, no puedo traerme a casa pico y pala, ni construir muros, no puedo y me jode.  Mi chica sí que trabaja, eso la entretiene, tanto como a mí me deprime; porque es deprimente que yo no pueda levantar muros y ella sí que puede levantar palabra tras palabra, porque es escritora.

Mi errar por la casa, “se hace camino al andar”, no es fácil, cuando a poco que me descuide, me salgo del apartamento. Salgo a comprar, pero es otro “trabajo” monótono y repetitivo cada semana, que me aburre. Lupe, como está cansada, me endosa “el bello arte de comprar”, dándome incluso el dinero, (del que yo carezco), cosa que me jode aún más.

Bueno, pues de tanto pensar y con nada que hacer, me hace asequible al desaliento y propenso a las neuras. Creo que me estoy convirtiendo en un neurótico de manual. No soporto el encierro, no soporto estar atrapado y no soporto a Lupe; ya ni me soporto yo. ¿Y si la matara? Esa idea tan pendeja empieza a rondarme por el coco. Si la mato y me la como, no necesitaría ni su puto dinero, ni salir a comprar una vez a la semana, dos cosas que no soporto. Pero ¿cómo la mato?, nunca antes he matado a nadie.

Rebuscando en la extensa biblioteca de mi chica encontré un libro que me llamó la atención, El asesinato considerado como una de las bellas artes de Thomas de Quincey; no estaba mal su título para lo que me ocupa y me puse a hojearlo. El que escribió el libro era inglés añejo; dicen que los ingleses son buenos escritores, por lo menos uno que tiene nombre muy raro, un tal “Chespir”, o algo parecido. Nunca fui buen lector; es más, no me gusta leer, sólo me gusta ser albañil y ahora no lo puedo ser, eso me jode.

Aún no he llegado a la mitad del libro y ya estoy cansado; pero hay dos cosas que apunta “el pavo” que me han quedado claras: “El sujeto elegido debe gozar de buena salud” y el sistema más elegante para el asesinato es el tradicional corte de garganta”. Yo siempre quise ser elegante, aunque mi trabajo de albañil no me lo ha permitido. Lupe ni se ha enterado mientras estaba leyendo; como ahora ya no le sirvo ni para follar, puto caso me hace.

Ya tengo claro cómo matarla; le pregunté a mi chica si estaba sana, me ha mirado como si estuviera loco y ni ha contestado. Yo la veo sana, eso me basta. Tan sólo me falta buscar el cuchillo más adecuado; encuentro uno que compramos en “un chino”, me jode por aquello del coronavirus, pero es muy grande y creo que servirá. Para joderla más, la mataré cuando esté trabajando, será un titular poético, “murió enfrascada en su trabajo”, no está mal.

Esta noche cumpliré mi sueño.

Llegó la noche y ella sigue trabajando; ¡joder, ahora se ha ido la luz! Estoy buscándola, blandiendo el cuchillo, pero no la encuentro; tropiezo con todo, si caigo y me clavo el cuchillo será un asunto demencial.

      Lupe, ¿dónde estás?; nadie contesta y entonces siento que algo me golpea con furia en la cabeza; caigo al suelo. Ya casi muerto es cuando escucho a Lupe chillar “¡cabrón, no te aguanto más!”, “¡eres un inútil!”, “¡estoy hasta la concha de ti!” Y siguió golpeándome con su puto ordenador, hasta que acabó con mi vida.

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Username:           AMEL

Me llamo Francisco J. Barata Bausach. Nací en Valencia, España. No soy escritor, sólo estoy aprendiendo a escribir. Soy un tipo ya mayor, con 68 años, que nunca antes había hecho literatura.

Bueno, como está feo mentir, os diré que por mi “curro” de economista, ahora jubilado, estaba acostumbrado a escribir sobre temas profesionales y reconozco que no me costaba nada hacerlo. Resulta que en mayo del 2014 me da por empezar a escribir, bueno a intentar hacer literatura.

Escribo porque me gusta, lo he descubierto tarde, pero ahora me apasiona. En esas estoy desde entonces, escribiendo relatos de momento, venero las novelas, pero aún me vienen grandes. Hasta la fecha, y con lo que os mando, he escrito muchos relatos, y concursado en más certámenes. Me parece una buena forma de practicar y aprender. 

Desde mayo de 2014 a fecha de hoy, es con mayor o menor importancia lo siguiente:

65   Primeros Premios (Tres en EEUU, otro en Ecuador, dos en Venezuela, otro en Alemania, dos en Brasil, doce en México, seis en Colombia, dos en Bolivia, once en Argentina, uno en Perú)

13    Segundos premios (Uno en Uruguay, dos en Argentina y uno en México)

12   Terceros Premios (Uno en USA, uno en Argentina)

18   Cuartos Premios    (Dos en USA, uno en Chile, uno en México)

290 Veces Finalistas   (Cuatro en México, siete en Argentina, uno en Colombia, otro en Ecuador y otro en Costa Rica)

173 Seleccionados para diversas Antologías. (Dos en Uruguay, uno en Argentina, otro en Costa Rica, otro en Israel y uno en Chile)

 

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