El confinamiento solitario y sus efectos

Seguro has visto, en alguna película de Hollywood, la típica escena de combate entre varios grupos de reclusos que quieren establecer su territorio. De repente, uno de ellos apuñala reiteradamente a otro y, como consecuencia, recibe el castigo más horrendo que podría recibir un prisionero: dos meses en confinamiento solitario. El confinamiento solitario es muy común en las prisiones, especialmente en Estados Unidos. Normalmente consiste en encerrar al sujeto en cuestión dentro de un área muy pequeña, con acceso a agua corriente, tal vez un excusado y, con suerte, una cama. El susodicho recibe sus alimentos diariamente a través de los guardias manteniendo un contacto mínimo, en general, tiene muy poco contacto con el mundo exterior. Algunos reportes muestran que después de cierto tiempo en confinamiento, los reclusos presentan síntomas como temblores, palpitaciones, dificultad para dormir e incluso ansiedad y depresión. Además, muchos testimonios de ex presidiarios relatan que esta experiencia es de lo peor que se puede experimentar, pero ¿por qué?

Los humanos somos seres altamente sociales; desde nuestra aparición sobre la Tierra hemos desarrollado una organización social bastante compleja que ha permitido la reproducción y supervivencia de nuestra especie; por ello, nuestro cerebro se asegura de promover las conductas de socialización con nuestros conespecíficos. Varios estudios han mostrado que existen ciertas zonas de nuestro cerebro que pueden activarse ante el contacto con otra persona; dentro de ellas, destaca un conjunto de núcleos conocido como el circuito de recompensa. Este circuito se describió inicialmente por su activación exacerbada inducida por las drogas de abuso, pero se ha visto que, de forma normal, se activa por una gran cantidad de estímulos reforzantes, como los alimentos, el ejercicio y, por supuesto, la interacción social.

La interacción social es un mecanismo de sobrevivencia

Mediante estudios de imagenología del cerebro en voluntarios sanos, se ha observado que este circuito puede activarse cuando pensamos en algún ser querido, observamos caras sonrientes o recibimos un estímulo táctil placentero. El circuito de recompensa tiene a la dopamina como principal neurotransmisor, ésta se libera cuando llevamos a cabo una acción reforzante y se asocia con un estado de bienestar. Además, el contacto físico está vinculado con la liberación de una hormona llamada oxitocina, que está relacionada con el cariño y apego. Recientemente, se ha descrito que la misma oxitocina podría ser la responsable de promover la liberación de dopamina en el circuito de recompensa ante la interacción social, para reforzar estas conductas y para mejorar nuestras posibilidades de sobrevivir y perpetuar nuestra especie.

Varios estudios han mostrado que las personas con mayor interacción social tienen menor riesgo de padecer depresión y otras enfermedades mentales, posiblemente debido a la continua activación de los circuitos que nos hacen sentir bien y a que la interacción social se asocia directamente con la salud física. Otros estudios han mostrado que la interacción social está directamente relacionada con un estado de salud positivo, es decir, entre más interacciones tenga un individuo, éste presentará una mejor respuesta inmune, menor riesgo de padecer obesidad y mejores valores de presión arterial. Por otro lado, la soledad se encuentra asociada con la inflamación, el estrés y una menor capacidad cognitiva.

Regresando a la situación de los prisioneros en confinamiento solitario, resulta claro por qué el confinamiento puede resultar muy nocivo para ellos, ya que no sólo les hace falta la interacción social, que por sí misma puede inducir ansiedad, sino que también se encuentran en un estado de estrés por el contexto de la prisión.

El confinamiento solitario y la salud humana

Aunado a esto, es probable que, al estar encerrados en un sitio pequeño con pocos objetos a su alcance, se enfrenten a la falta de estímulos sensoriales, cosa que trataremos en la siguiente edición.

La emergencia sanitaria ante la que nos encontramos ha obligado a muchas personas a permanecer en casa, por lo que el contacto físico con otras personas ha disminuido. Claramente, no nos encontramos en el mismo contexto que los presidiarios del relato anterior, pero la disminución en las interacciones sociales podría provocar algunas consecuencias en la salud que aún no se han identificado por completo. ¿Qué podemos hacer mientras tanto? Buscar otras formas de activar nuestros circuitos de recompensa: hacer ejercicio, comernos un pedazo de pastel, comunicarnos con nuestros seres queridos de forma virtual y, en caso de que todo esto falle, simplemente podemos mirar a nuestro perro a los ojos, acto que se sabe, promueve la liberación de oxitocina.

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Rebeca Méndez

Username: Rebeca Méndez

Química Farmacobióloga, (casi) doctora en Ciencias Biomédicas. Le interesan los temas científicos, especialmente la biología y la neurociencia, pero puede discutir apasionadamente sobre casi cualquier cosa. Le encanta aprender, compartir lo que ha aprendido, comer rico y viajar.

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4 comentarios en “El confinamiento solitario y sus efectos”

  1. Excelente artículo. Algo estimulante, aparte de comer una rebanada de pastel, es ordenar nuestra biblioteca de música, fotos de viajes e inclusive aprender un idioma, si es que tienes tiempo pues con todas las actividades del hogar no siempre alcanza para todo lo que quiere uno hacer. Te felicito por el artículo y espero el siguiente. Un abrazo

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