Hola. Soy feminista y también ejerzo violencia

Este mes Username Magazine se enfoca en el tema de la violencia y me encanta. Es que no hay manera de hablar del feminismo sin abordar el tema de la violencia, ya que desde cualquier ángulo, perspectiva o época, como cualquier lucha social, el feminismo está encadenado a la violencia.

Desde mi punto de vista, es la violencia ejercida hacia la mujer la que impulsa el movimiento de liberación y es la respuesta a esa misma violencia con la que nos movemos. Quién no ha escuchado frases como “violencia genera violencia” o “se quejan de que las maltratan y ellas maltratan a otras mujeres” o “¿qué ganan con tanta violencia?”, esto haciendo referencia a las manifestaciones. Pero es que no hay manera de hacerlo sin ella, no sólo porque de verdad la ejerzamos, sino que no hay manera derrocar todo un sistema de opresión sin que alguien se sienta violentado.

La violencia que sufrimos

La realidad cambia, la realidad que yo vivo no es la misma que la que vivió mi madre, ni la suya. La violencia que ahora vemos y juzgamos, tal vez, en el pasado era normal, pero siempre fue violencia, sólo que no lo sabíamos. Por ejemplo, mi mamá sabía que mi padre era violento con ella cuando le pegaba, pero para ambos eso era lo normal; sin embargo, no sabía que otros actos como no permitirle ver a su madre, ignorarla, no darle dinero o chantajearla también son violencia.

Comprender que vivimos bajo todos estos esquemas violentos es algo muy duro, porque aceptar que las personas que amamos son violentas con nosotras nos hace cuestionarnos si en realidad nos aman o si nos respetan, o peor, nos hace dudar si nosotras mismas nos amamos y nos respetamos. A raíz de todo esto surge una cuestión aún más importante, ¿estamos dispuestas a hacer algo para cambiarlo? La respuesta más lógica sería que sí, deberíamos frenar esa violencia, pero cada cabeza es un mundo y todos tenemos diferentes deseos y prioridades, a veces pensamos más en qué perderíamos si detenemos la violencia que si la aguantamos.

Al final, pros y contras se ponen en una balanza: Depende de cada persona elegir si la seguridad de tener una casa, el tener un padre para un hijo o evitar un divorcio son más importantes que no sufrir diferentes clases de violencia. Claro que esto no significa que la violencia deje de ser violencia o simplemente debamos “aceptar” que hay personas que prefieran ser violentadas. La realidad seguirá cambiando, propagar toda esta información, apoyar a “las compas” en todo momento, no juzgar, o juzgar, ser la amiga “amiga date cuenta” es sumamente importante en todo este cambio de paradigmas.

Hace unos años comenzaron a circular algunas versiones de violentómetros en los que podías identificar dinámicas entre parejas que son consideradas violentas, pues resulta increíble que nosotras mismas no logremos identificar que sufrimos violencia, pero lo que me pareció aún más impresionante es que hay quienes defienden todas esas prácticas porque se consideran signos de amor. Seguramente en el futuro, otras dinámicas que consideramos normales y aceptables también sean violentas.

Evidentemente la violencia de pareja no es la única que sufrimos, pues está la laboral, la familiar, la callejera, etc. En otro momento hablaremos de todas éstas, solo que ahora la violencia de pareja fue en la primera que pensé.

La violencia que practicamos

Ahora bien, dentro del feminismo y como mujeres, nosotras también ejercemos violencia. Es lógico, somos seres humanos, es lo que aprendimos, es lo que vivimos. Sí, somos violentas con los hombres, con otras mujeres, con nosotras mismas y, evidentemente, dentro del mismo movimiento feminista. Tranquilos, no hay que hacer un alboroto de todo esto.

Violencia hacia los hombres infundada por un sistema patriarcal

Si yo pienso que comer animales es un acto violento y se lo hago saber a otra persona que gusta de comer carne, ésta se siente agredida porque de alguna manera le doy a entender que es violenta. Si yo le digo a un padre que “corregir” a un hijo con golpes y éste fue golpeado por sus padres o golpea a sus hijos (independientemente de la frecuencia o de la fuerza ejercida), le doy a entender que él y sus padres son violentos. Si le digo a una persona que el bullying es violencia infantil y ésta molestaba a sus compañeros en la escuela, entenderá que es violenta.

Entonces si yo le digo a un hombre que los piropos, los celos, la descalificación, las caricias sin consentimiento, el control sobre su pareja son rasgos de machismo y violencia, obviamente se sentirá agredido, ¿por qué? Porque eso es lo que aprendió, porque nadie quiere aceptar que ejerce violencia sobre alguien más, porque aceptarlo lo convertiría en el malo de la historia, pero eso no es así, en realidad, todos somos violentos en ciertos grados.

Es cierto que hay mujeres (feministas o no) que maltratan hombres, no somos ángeles, ni debemos serlo. Pero no somos violentas sin razón alguna, lo somos porque así aprendimos que deben ser las cosas. Nadie dejará de ser violento sin antes reconocer que lo es, y como se diría en AA: “ese es el primer paso”.

Violencia hacia otras mujeres

Es más, no sólo somos violentas (feministas o no) con los hombres, lo somos con otras mujeres, cuando las juzgamos, cuando hablamos mal de ellas, cuando las descalificamos, cuando las ignoramos. Seguro que han escuchado eso de “el peor enemigo de una mujer es otra mujer”, es una frase que para mí es muy graciosa, porque he aprendido a ver a las otras mujeres como aliadas, pero para muchas mujeres aún es cierto y se la toman en serio, ya que aprendimos a competir o a defender a un hombre antes que a una mujer, y cambiar ese pensamiento es sumamente complicado porque tenemos que reconocer que aprendimos algo que está mal y que hemos vivido lastimando a otras mujeres.

Yo, personalmente sé que he lastimado a otras compañeras, incluso ahora que intento ser más empática, que intento no juzgar, me he descubierto hablando mal de otra mujer, criticándola o haciéndole daño con alguna de mis acciones.  Sin embargo, no pretendo justificarme, ni exculparme, de mis actos, más bien, sé que debo reflexionar y cambiar poco a poco mis prácticas violentas.

violencia
Foto: Sol Girón

Violencia hacia nosotras mismas

¿Cómo dejar de ser violentas con nuestras madres, con nuestras amigas y con el resto del mundo si somos sumamente violentas con nosotras mismas? Lastimamos nuestra mente, lastimamos nuestro cuerpo, lastimamos nuestra autoestima… Tal vez suene a broma, pero eso de “si no duele no sirve” lo tenemos bien arraigado. Cuando estamos en la constante lucha de lucir mejor, no solo nos lastimamos al mantener una dieta estricta o al practicar “rituales de belleza” que podrían herirnos, nos lastimamos desde el momento en que nos comenzamos a juzgar, somos violentas sólo para hacernos ver mejor.

La violencia en el feminismo

Para muchas personas el movimiento feminista arrastra consigo mucha violencia, por las manifestaciones, por cómo se juzga a las mujeres que no comparten las mismas ideas, por cómo se caracteriza al macho. Pero es que no podemos pelear por nuestros derechos, adueñarnos de nuestro cuerpo, ni ir en contra del sistema sin que alguien se sienta agredido.

Es cierto que en las machas hay grupos radicales y anárquicos que son calificados de violentos por su manera de manifestarse, por hacer algo de vandalismo, pero ¿qué más se puede hacer si ya se intentó de todo?

Este asunto es un tema muy complejo por la cantidad de factores que intervienen. El vandalismo forma parte esencial de la cultura de la manifestación. Muchas personas juzgan su efectividad, pues “pintar paredes no te regresará a tu hija”, “destruir un establecimiento ayudará en nada”, “en lugar de perder el tiempo con disturbios, levanta una denuncia”. A todo esto, me pregunto ¿Cuál es la finalidad de hacer vandalismo en una manifestación? Mi respuesta es muy sencilla: hacer ruido, darse a notar, no pasar desapercibidas, y por qué no, sacar toda esa rabia y frustración por las injusticias que sufrimos y porque no se nos toma en serio. Y si esa es la finalidad, me parece que es muy efectiva.

Si quemamos cosas, si rayamos monumentos, si caminamos con el torso desnudo y alguien se siente violentado, deberían preguntarse por qué se sienten agredidos, ¿de verdad es porque una figurita de metal ahora tiene rayones?, ¿es porque sienten que van a perder algo?, ¿cómo es que están siendo violentados?

Es claro que hay otras maneras, no se confundan, gritar, quemar, rayar no es lo único que el moviente hace para que las cosas cambien, al mismo tiempo que se vandaliza, hay denuncias, hay propuestas de leyes, hay proyectos culturales hay cientos de pequeños actos de activismo que tirarán el patriarcado. Pero incluso con ellos, muchos se sienten violentados.

 

Finalmente, ¿hay alguna manera de existir sin ser violento? ¿La violencia es realmente mala? ¿Qué tipo de violencia es juzgable y cuál no? ¿Cuándo estoy siendo violentado? ¿Cuándo soy yo quien ejerce la violencia? Es claro que todos vivimos la violencia, solo hay que dejar de verla como algo normal y comenzar a cambiar. Además, no somos buenas cristianas para “poner la otra mejilla”, pues por mucho tiempo la hemos puesto y ya no nos vamos a mantener sumisas, no nos mantendremos calladas y… «Lo vamos a tirar.»

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Karla Selene Campos

Odiaba que le dijeran «Karlita», hasta que ya no. En su trabajo enseña cosas inútiles que ha aprendido a lo largo de su vida: reglas de ortografía, esquemas textuales, coreano a mexicanos y español a coreanos. En su tiempo libre, practica natación, ve dramas coreanos (muchos dramas coreanos), pretende hacer difusión sobre lingüística en Lingüística Crítica y… ¿Trabaja?

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