¿Podrían existir los zombis? Historias de parasitismo, mutualismo y control mental

La literatura, la televisión y el cine del terror están plagados de zombis. Normalmente pensamos en ellos como los seres violentos que se quieren comer nuestros cerebros. Nos aterra la idea de que los zombis aparecieran un día y dominaran la Tierra, pero ¿qué tan probable es este escenario? Si analizamos a las historias de zombis, podemos ver que éstos se agrupan predominantemente en dos categorías: los muertos vivientes y los infectados por un parásito “zombificante”.

El primer caso resulta más fantasioso, porque como discutimos en la edición pasada de esta revista, la pérdida de las funciones vitales tras la muerte resulta incompatible con caminar y alimentarse, entre otras cosas que supuestamente hacen los zombis. El segundo tipo de zombi, que se refiere a los humanos que han sido infectados con un parásito que cambia su comportamiento, podría no ser tan descabellado. Tanto es así, que podemos encontrar algunos ejemplos de zombis en la naturaleza, específicamente en el caso de algunos parásitos que infectan insectos.

zombis

El parasitismo es un tipo de interacción biológica en la que dos organismos de diferentes especies conviven de manera que uno (el parásito) “se aprovecha” del otro (hospedero). Esta interacción es muy interesante porque implica que el parásito dañe al hospedero lo suficiente para poder vivir a costa suya, pero no al grado de matarlo instantáneamente, de manera que puede utilizarlo para su propia propagación. Existen muchísimos ejemplos de parasitismo en la naturaleza, pero en este caso, nos concierne hablar de los parásitos que modifican la conducta de sus hospederos.

Un ejemplo fascinante es un hongo parasitario que infecta a ciertas hormigas del bosque tropical. Las hormigas normalmente son muy buenas para rastrear y ubicarse en su entorno, ya que es necesario que se desplacen en su medio para traer comida a su colonia. Al infectarse con el hongo parasitario llamado Ophiocordyceps unilateralis, las hormigas abandonan sus caminos habituales y, en cambio, suben los árboles hasta una altura con la humedad justa para que el hongo pueda crecer. De este modo, el hongo provoca que la hormiga cambie su comportamiento en su propio beneficio. Una vez en el sitio adecuado, la hormiga se ancla al árbol y muere. Su cuerpo permanece ahí en lo que el hongo crece dentro de ella, finalmente brotando a través de su cuerpo para formar una hebra que contiene esporas. Estas esporas son la forma en que el hongo se pueden reproducir, por lo que se liberan hacia el suelo para infectar nuevamente a una hormiga desprevenida.

Como este ejemplo, existen muchos otros en la naturaleza, donde una especie parásita modifica la conducta de su hospedero. En muchos casos, los hospederos son insectos, que se encuentran filogenéticamente alejados de nuestra especie humana. Entonces, ¿podrían también existir parásitos que controlen la mente de los humanos?

¿Los zombis humanos son una posibilidad científicamente comprobada?

Los parásitos más conocidos, al menos por la mayoría de los mexicanos, son las amibas que adquirimos por consumir alimentos contaminados. Estos parásitos comúnmente generan problemas intestinales, pero algunos de ellos pueden vivir en nuestro tracto gastrointestinal sin que nos demos cuenta. A las personas que se encuentran infectadas con algún parásito, pero no presentan síntomas de la infección, se les conoce como portadores asintomáticos. En el caso de las amibas, no hay ninguna evidencia de que su presencia, asintomática o no, se asocie con algún estado mental particular, pero en el caso de otras infecciones, los portadores asintomáticos sí podrían presentar algunos cambios en su comportamiento. Tal es el caso de Toxoplasma gondii, un parásito que se transmite a través de las heces de los gatos. Este parásito es capaz de infectar a ratas y ratones, y en ellos ocasiona un efecto tranquilizante. De este modo, los roedores dejan de sentir miedo a sus depredadores naturales, los gatos, lo que ocasiona que los gatos puedan acceder más fácilmente a sus presas. Así, el parásito utiliza sus “artimañas” para poder llegar a su hospedero principal, el gato. La mayoría de los gatos también son portadores asintomáticos, aunque en algunos de ellos, la infección puede ocasionar fiebre, pérdida del apetito, letargo, entre otros síntomas. Durante una etapa específica de la infección, los gatos pueden deshacerse de algunos parásitos a través de sus heces. En el caso de que las heces no se dispongan de una forma higiénica, es posible que el parásito se transmita a los humanos.

Toxoplasma o el “estado zombi”

Se estima que al menos el 30% de la población mundial se encuentra infectada con Toxoplasma, la mayoría como portadores asintomáticos. De manera interesante, diversos estudios han encontrado una relación entre la infección por Toxoplasma y algunos rasgos de personalidad. En general, la presencia de Toxoplasma parece estar relacionada con mayor extraversión e impulsividad para tomar decisiones, así como menor capacidad de concentración. Otros estudios han encontrado una correlación entre la toxoplasmosis y la presencia de ansiedad, trastorno obsesivo-compulsivo o incluso esquizofrenia. Aunque estos resultados podrían sonar alarmantes, son únicamente correlaciones; como bien sabemos, los estudios de correlación nos proporcionan información acerca de la relación entre dos variables, en este caso, la presencia de Toxoplasma y algún rasgo de la conducta, pero no nos responden si una variable es causa o consecuencia de la otra, por lo que la interpretación de estos estudios debe realizarse con cuidado.

Mutualismo: los microorganismos benéficos para la salud

Además de los parásitos que causan enfermedades, otro gran grupo de organismos vive en nuestro tracto gastrointestinal: los microorganismos que forman parte de la microbiota, comúnmente conocidos como “flora intestinal”. Contrario a los parásitos, la presencia de estos microorganismos en nuestro cuerpo no es nociva, sino benéfica. A este tipo de interacción entre organismos de distintas especies, donde los dos organismos se benefician, se le llama mutualismo. En el caso de la microbiota, ésta se favorece de vivir en nuestro intestino rico en nutrientes, mientras su presencia nos favorece a nosotros de diversas maneras. Algunas bacterias de la microbiota producen moléculas que nosotros podemos aprovechar, como algunas vitaminas o aminoácidos. Además, su presencia es necesaria para el funcionamiento adecuado del sistema inmune, por lo que ayuda a protegernos de los parásitos.

Por si fuera poco, la microbiota también podría influir en nuestros estados de ánimo. Muchos estudios han encontrado una correlación entre algunos tipos de bacterias de la microbiota y condiciones como depresión u obesidad; mientras otros tipos de bacterias se asocian con mejores estados de ánimo y de salud. Además, un estudio realizado en ratones de laboratorio encontró que transferir microbiota de ratones con signos de depresión a ratones sanos generaba conductas depresivas en los ratones previamente sanos. Esto sugiere que la composición de la microbiota, es decir, el tipo de microorganismos que vivan en nuestro intestino, podría constituir un nuevo factor que influye sobre nuestros estados mentales.

El ser humano o “superzombi”

Es necesario realizar más investigaciones al respecto, pero la información que tenemos ha llevado a algunos científicos a plantear la idea, un tanto filosófica, de que en realidad somos súper-organismos, formados no sólo por las interacciones entre nuestras distintas células, sino también por las interacciones entre las células propias y las de los microorganismos que viven en simbiosis con nosotros. Al poder influir en nuestras acciones y estados mentales, los parásitos y microrganismos mutualistas podrían, al menos en parte, definir lo que somos. En este sentido, tal vez todos los organismos somos un poquito zombis.

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Rebeca Méndez

Username: Rebeca Méndez

Química Farmacobióloga, (casi) doctora en Ciencias Biomédicas. Le interesan los temas científicos, especialmente la biología y la neurociencia, pero puede discutir apasionadamente sobre casi cualquier cosa. Le encanta aprender, compartir lo que ha aprendido, comer rico y viajar.

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1 comentario en “¿Podrían existir los zombis? Historias de parasitismo, mutualismo y control mental”

  1. Ma. Estela Hernández Vergara

    Muy buen artículo Becky, continúa siempre adelante para bien de la humanidad. Honras con esto a Ernes. Te mando un fuerte abrazo.

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