Messi: el amor a la camiseta en tiempos del futbo-espectáculo

Incapaz de articular tres frases seguidas, Leonel Messi salió a la rueda de prensa para despedirse del que fue su equipo desde los 13 años. Entre lágrimas y sollozos declaró que había hecho “todo lo posible” para quedarse, enfatizó que no había imaginado este momento y que no quería despedirse así. El aplauso de los compañeros y trabajadores del club intentó maquillar el tono gris de un final que estuvo muy lejos de la calidez con que las gradas del Camp Nou solían cobijar al jugador más importante en la historia del FC Barcelona. 

La noticia fue tendencia en las redes sociales y más de uno lamentó que Messi no concluyera su carrera con el club que lo forjó como futbolista. La crisis financiera del Barcelona, así como el tope salarial definido por el reglamento de La Liga impidieron que el rosarino se mantuviera en el conjunto blaugrana. Para muchos, Messi representaba el último ejemplo del futbol romántico, aquel en el que un jugador es capaz de todo por jugar con el equipo de sus amores. No faltó quién recriminó al argentino no haber reducido su salario o, incluso, no haber jugado gratis para el equipo que lo apoyó cuando era un adolescente con problemas de salud. Otros, por su parte, contrastaban su figura con la de Paolo Maldini o Francesco Totti, estrellas italianas quienes, a pesar de jugosas ofertas, se negaron a defender otra camiseta que no fuera la del AC Milán o la AS Roma, respectivamente.

Luego de leer cientos de opiniones y percibir que la relevancia de la noticia competía en importancia con la clausura de Tokio 2020, me pregunté, ¿por qué la partida de Messi fue tan importante?, ¿qué significa para los aficionados al futbol?

Messi

Las razones de la fractura

Es difícil explicar la ruptura entre Messi y Barcelona sin caer en abigarradas explicaciones jurídicas que refieran a los pactos y las disputas entre los magnates del futbol. Más allá de los términos que los especialistas en finanzas y leyes puedan utilizar, basta con decir que desde 2013 La Liga estableció un reglamento que impide a los equipos superar un tope salarial en su plantilla. Esta cifra se determina por los ingresos y egresos anuales de cada club, de modo que no es fija para todos los equipos y cada temporada se modifica. La terrible administración de Josep María Bartomeu en Barcelona dejó una deuda insuperable que obligó al club no sólo a prescindir de su máxima figura, sino a hacer malabares para cubrir los salarios millonarios del resto de los jugadores, algunos de los cuales han optado por reducir sus ingresos, tal como Gerard Piqué. En este marco, se sabe que Messi accedió a disminuir su sueldo al 50% con tal de quedarse en el equipo. La reducción del argentino, sin embargo, no era suficiente. Pero ¿y si Messi jugara gratis? Imposible, pues de acuerdo con las leyes españolas cualquier nuevo contrato requiere que el salario estipulado sea de, al menos, 50% del anterior. 

Las raíces de la ruptura entre Messi y Barcelona son más profundas de lo que imaginaríamos. No responden solamente a la elaboración de un nuevo contrato o al tope salarial. En el fondo, el origen de la fractura radicaba en los millonarios contratos y salarios que durante años el club pactó con su jugador estrella y con el resto de los futbolistas. Este fenómeno, por supuesto, no es exclusivo del FC Barcelona.

Año con año nos sorprendemos con compras y ventas de jugadores cuyas “fichas” y salarios constituyen cifras millonarias que son casi imposibles de pronunciar, dinero que la mayoría de nosotros no juntaríamos ni en cien vidas. ¿Alguien pensó, acaso, qué sucedería cuando la inflación en el precio de los jugadores se saliera de control y no pudieran costearse aquellos sueldos? Parece que nadie vislumbró la catástrofe y todos confiaron en el mercado. La pandemia por Covid-19, sin embargo, les recordó a algunos equipos su fragilidad.

¿Cuánto cuesta la fidelidad?

Visto de este modo la salida de Messi era inminente. Tarde o temprano partiría a alguno de los equipos más ricos del mundo, como el Manchester City o el PSG, tal como sucedió. Más allá de los intereses políticos y económicos detrás del fichaje – es imposible separar lo sucedido de los proyectos cataríes – me interesa pensar en el impacto que pudo generar en la afición. Por un lado, me parece que para muchos la salida de Messi fue un doloroso recordatorio de que en los tiempos del futbol-espectáculo el amor a la camiseta es una utopía herida de muerte. Salvo extrañísimos casos, como los de Maldini y Totti, ningún jugador podrá desarrollar su profesión si antepone su cariño por un club a su condición de trabajador-mercancía. Incluso en el caso de los italianos, debe señalarse que a pesar de haber sido estrellas de talla mundial no rivalizaban ni de lejos con el impacto mediático y deportivo de figuras como Leonel Messi, Cristiano Ronaldo o Neymar Jr. Para aquellos quienes su nombre es también una marca registrada, está prohibido jurar fidelidad a un escudo y a unos colores. Su entrega y calidad se deben al mejor postor. 

Por otra parte, considero que esta transacción ha significado una inyección de curiosidad para millones de personas. El gran negocio del futbol se revitaliza con este tipo de sucesos. Hoy más que nunca París y la liga francesa tendrán los ojos del mundo sobre ellos, ya sea para mirar las proezas de un equipo repleto de estrellas o para juzgar el fracaso de un club diseñado para ganarlo todo. ¿Hay algo que venda más que el morbo?

Al mirar la última conferencia de Messi en Barcelona no pude evitar sentir como propio el dolor del rosarino. Mientras él lloraba por el club que fue su vida, yo sufría al confirmar que, en el futbol, hasta la fidelidad tiene un precio. Suspiré y, resignado, revisé el calendario de la liga francesa para ponerme en sintonía. No dudo que el dolor de Messi fue genuino y su llanto honesto, aunque imagino que ya habrá secado sus lágrimas con algunos billetes, después de haber cebado un buen mate o haber probado un vino francés.

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Giovanni Alejandro Pérez Uriarte

Username: Cacomixtle

Autor: Giovanni Alejandro Pérez Uriarte. Licenciado en Estudios Latinoamericanos y Maestro en Historia por la UNAM. Sus investigaciones versan sobre la historia social y cultural del futbol. Desde que era un niño supo que quería ser historiador. Le gustan las palabras esdrújulas, andar en bicicleta y mirar cacomixtles, a quienes considera sus hermanes. Se considera torpe en el uso de la tecnología. Quizá por eso el mundo digital le parece enigmático, misterioso y casi inevitable.

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