Marginalia sobre la violencia

Al estar pensado de qué manera abordar el tema de la violencia, me he preguntado muchísimas más cosas de las que hubiera imaginado. La violencia es un concepto interiorizado que generalmente justificamos, es decir, si te preguntaras qué tan violento te consideras, ¿qué respoderías?

La violencia tiene una gama enorme de acciones y de perspectivas. Su significado siempre conlleva algún tipo de acción agresiva o abusiva, pero ¿por qué llegamos a convertirnos en seres individual o socialmente violentos? Lo más lógico –y simplista– es achacar a la mala educación una conducta violenta; al mal ejemplo, a la falta de atención, a un pasado del que deriva esa violencia. Sin embargo, a pesar de tal explicación, inmediatamente se juzga el acto y se pasa de él como si fuera absolutamente ajeno.

Mucho ha cambiado, en poco tiempo y en el tiempo de la Historia, la violencia, ha estado presente siempre. La visibilidad que ahora tienen los llamados “casos de violencia”, no quiere decir que se hayan incrementado, sólo quiere decir que la sociedad se ha vuelto un tanto más crítica con respecto a todos los tipos de violencia y que, al aflorar la necesidad de las transformaciones sociales, el ruido que se hace con respecto a ellos es muy fuerte.

La visibilidad que ahora tienen los llamados “casos de violencia”, no quiere decir que se hayan incrementado, sólo quiere decir que la sociedad se ha vuelto un tanto más crítica con respecto a todos los tipos de violencia

Yo violento, tú violentas, nosotros violentamos...

La violencia no es un concepto que se vive de lejos. Es parte de la convivencia del ser humano, es parte del sistema en el que convive y es él mismo, quien refrenda su génesis ante cada acto incoscientemente violento del que forma parte. No seamos ciegos ni caigamos en la autocomplacencia: la violencia se moraliza a conveniencia; es decir, no vemos con los mismos ojos “chiquitos”, semi-cerrados que señalan el prejuicio, al padre de familia que golpea a sus hijos, a quien compra una prenda en H&M cuyos proveedores en Turquía tienen niños sirios trabajando ilegalmente en sus fábricas, ¿por qué? Por la normalidad con que ejercemos una moralidad determinada a nuestra forma de vida y al ideal ético del hombre que, como individuos, osamos alcanzar con nuestros actos y comportamientos.

En la posible percepción del abismo que pudiera existir de un ejemplo a otro de los mencionados, hay un puente que se va forjando violencia a violencia. No se malinterprete la intención de lo que propongo, en realidad, la idea es establecer la naturalidad con la que juzgamos, a la vez que nos adaptamos a la violencia. Jamás propondré que, ante los problemas sociales estructurados sobre la violencia, con los que al día de hoy lidiamos, seamos cómplices, nos conformemos o dejemos de gritar la injusticia. Lo que pretendo es que tratemos, como quien imagina un desprendimiento del espíritu y el cuerpo, de ver a la moral separada de la violencia para, finalmente, permitirnos un análisis individual y una observación social, con la intensión de no hacer a un lado nunca lo que consideramos que no nos atañe y trabajar en un criterio cada vez más amplio sobre los pequeños actos que, bajo el sistema, ejercemos con violencia.

violencia

La violencia interiorizada es violencia que se reproduce

Al grito de “¡Pinche escuincle!”, he regañado a un adolescente de 14 años por agredir a su hermana de 10 y a ella, con otras palabras del mismo tipo, por hacer exactamente lo mismo. Un ejemplo muy moderado, entre tantos sobre los que me he cobrado la factura de la culpa ante mi propia violencia interiorizada –y evidentemente exteriorizada–, por actuar como no debería actuar con un “niño”. He escuchado, seguramente ustedes también, aquella frase de: “Antes nos daban un golpe a tiempo y somos personas de bien”, tanto como he leído en grupos de mamás: “A los niños no se les grita, no se les pega”, “No quiero saber cómo te educaron a ti”, “No me imagino qué le harás cuando tenga otro tipo de problemas”. ¿Cuántos ejemplos de violencia encontraste en este párrafo? ¿Cuáles –desde tu perspectiva– justificas?

Lo anterior es un ejemplo mínimo de lo que vivimos en lo individual y en lo social. Debemos preguntarnos, ¿qué hay detrás de cada acto de violencia? Detrás de una Declaración de los Derechos de los Niños, hay una historia de ausentismo e ignorancia de parte de los padres, heredado a veces, y otras tantas circunstancial, generalmente causada por la pobreza (no joven, al “emprendedurismo” no lo tomaremos en cuenta aquí). Detrás de una marcha feminista hay una larga historia de abusos, maltratos, violaciones y asesinatos. Detrás de la violencia hay dolor, miedo, hartazgo. La violencia engendra violencia y lo que ésta subsana, es todo lo que se quiere decir sin saber cómo, en todo caso, lo que se grita sin voz.

Violencia sistémica

No quiero dejar de abordar la implicación violenta que hay en la aparentemente simple y arraigada compra de una prenda. Es tan importante conmovernos del trabajo infantil como darnos cuenta de que la sociedad occidental ha moralizado en demasía la capacidad o, en todo caso, asumida incapacidad que un niño tiene para realizar determinadas actividades sólo por el hecho de que se considere trabajo. “Pobrecitos niños los que piden en las avenidas de esta ciudad, pero no puedo darles dinero a todos”, y los niños que están fabricando la ropa que usas mientras ves, desde una posición privilegiada, a esos otros niños de esta ciudad, ¿no lo son? Y la fuerza de trabajo de tus hijos cuyas cuentas de luz, gas, agua e internet solventas, ¿es más valiosa? Todo está plagado de violencia.

Suplantar el mecanismo de la violencia no es un asunto que vaya a tomar poco tiempo. La desterritorialización a la que aspiramos, es un objetivo que requerirá, no sólo del trabajo individual o en comunidad, sino de la consciencia y la autogestión de la no permisividad y la no tolerancia, sobre cada acto violento que justificamos para nosotros, como un vicio.

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Brenda Becerril

Brenda Becerril Santoyo

Licenciada en Gastronomía por la Universidad del Claustro de Sor Juana, empresaria en Sazón del Corazón (salsas artesanales), editora y colaboradora en manejo de redes del sitio Hans Digital. Comerciante, mamá, cabeza de familia y ama de casa.

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