La paradoja del espacio virtual: paraíso “boomer”, distopía “millenial”

El avance tecnológico simbolizó en su momento, la utopía “boomer”: la oportunidad de crecimiento económico al simplificar el trabajo, incluso de prescindir de la “costosísima”  y en ocasiones, poco productiva mano de obra humana; la oportunidad de comunicarnos desde cualquier parte del mundo a un costo más accesible y con esfuerzos menores. Sin embargo, éste ha resultado ser la más nefasta distopía jamás imaginada por el hombre. La palabra “nefasto” no es sólo un adjetivo peyorativo que relaciono con la pérdida total de la privacidad y hasta de la propia autonomía; califica el día a día de generaciones cuyos progenitores no se imaginarían (ni se imaginan) lo que implica ser “humano” en la era del postcapitalismo, donde la información (ya no los objetos en sí) ya se ha convertido en uno de los bienes más importantes del mundo (hasta que el calentamiento global o las armas biológicas nos regresen al comunismo primitivo, si es que sobrevivimos 😛).

Robert Markley en El malestar de las realidades virtuales explica por qué “nuestros abuelitos” y antepasados apostaban tanto al avance tecnológico: “entre más tecnológicamente compleja pareciera la sociedad, menos tiene que preocuparse por la distribución de la riqueza y los recursos”, un tema escabroso que me gustaría abordar más adelante, sin embargo, en la luz de la pandemia, nos parece que es un tema con el que podemos estar de acuerdo.

El espacio virtual ha dejado de ser sólo un punto de enajenación: ahora es un espacio de convergencia social, ideológica pero también de la conciencia, donde conviven la fantasía y la realidad. Pese a ello y de forma paradójica, creo que la convivencia y convergencia digital ayuden a llegar a una verdadera reflexión, incluso a un verdadero diálogo.

espacio virtual

Suscripción Premium, el nuevo indicador de estatus

Las metáforas “holísticas” se han vuelto ideales para describir este espacio y es que hay un punto donde, en teoría, se funden las diferencias físicas y de clase. En el espacio virtual no hay pobreza… O eso pareciera ser. Dentro de los medios digitales, la barrera entre pobreza y privilegio empezó a ser más notable desde que apareció la palabra: “suscripción premium”. Tener acceso a internet es algo relativamente común en las grandes ciudades, pero tener el poder adquisitivo de ser fiel consumidor de una o varias plataformas streaming, contratar sevicios online, habla de un prioridades distintas o de estatus (no diré que económico, porque en el caso de el mexicano promedio, no sabe administrar sus bienes).

¿Puede el espacio virtual liberar nuestra imaginación? De manera más puntual, ¿ayuda al consumidor a llegar a un pensamiento más profundo, una verdadera concientización del entorno, incluso de sí mismo? La libera para el creador del espacio digital, pero la limita para el consumidor, ¿y quién lo crea? Las grandes compañías, mismas cuyo máximo interés es crear fidelidad en el usuario. Las mentes brillantes detrás de la experiencia digital, y al formar parte de un pequeño porcentaje de la población, podría decirse que limitan la capacidad imaginativa del usuario promedio al llenar los espacios de ocio, y sabemos que sin ocio, el proceso creativo se puede ver limitado. Desde esta perspectiva, me atrevería a volver a preguntar, ¿en realidad el espacio virtual está liberando nuestra imaginación? La liberación de la mente para un nativo digital en realidad sigue siendo un privilegio que desaparece cuando el dispositivo se desvanece y sin éste, sin aparato, no hay nada, y es la venda con la que el capitalismo que produce estos objetos, ha tratado de taparnos los ojos.

Ciberespacio vs imaginación

Robert Markley en El malestar de las realidades virtuales expresa que: “El ciberespacio es el lugar destinado a la imaginación”. Cuando destinamos un lugar para la imaginación, derogamos espacios para crear nuestros propios pensamientos y nos mimetizamos con nuestro entorno, lo que limita nuestra habilidad creativa… ¿por qué habría de imaginar un entorno distinto, si ya estoy conforme con el que tengo?, ¿por qué habría de querer viajar si tengo un espacio que replica lo que me gustaría conocer? En este sentido, el espacio virtual (por ejemplo, desde la perspectiva de los videojuegos) ofrece seguridad, algo que, en la actualidad, el mundo real no podría ofrecernos, ni de chiste.

El mundo virtual, al darnos todos los elementos de simulación de la realidad, cada vez se hace más prescindible que el usuario piense en una realidad alterna, así, pensar cada vez más se convierte en un privilegio para unos cuantos, me atrevería a decir que sería un privilegio de los no nativos digitales. Aún así, ¿quién nos asegura que alguien está pensando?, ¿cuál es “el indicador” de que realiza el acto, y cómo lo medimos?, ¿por qué tenemos la certeza de que quien lee en plataformas físicas reflexiona mejor que quien lo hace desde una digital?, ¿por qué no implica el mismo nivel de profundidad de análisis leer “Don Quijote…” en un libro físico que en un PDF?

Markley también habla de la afición a objetos u actividades lúdicas que proclaman la muerte de los productos impresos o físicos… Y como él, difiero. Incluso los estudios de mercado más profundos, expertos en marketing de experiencias confirman que el impacto en el usuario es mayor si la estrategia involucra el uso de varios sentidos, como el tacto o el olfato (el escalofriante apartado de Brandwashed: El lavado del cerebro de las marcas explica cómo se induce a las compras desde la infancia).

El espacio de virtual como el escape de la realidad amenazante

Zizek en Sobre la violencia. Seis reflexiones marginales. Habla de un arma de defensa contra la violencia: cambiar el tema. Imaginen este panorama: Un adolescente, fastidiado de su terrible día de clases, llega a su casa y sin siquiera saludar a alguien, se va a su cuarto a jugar videojuegos. Este mecanismo de defensa evitará que reflexione en lo que pudo haber cambiado para que no se repitiera la anécdota. Quizá pudo hacer acciones que evitaran su mal trago (evitar comentarios hirientes, hacer la tarea, etc.), pero eso no lo sabrá si evita el acto de la reflexión.

Pese a que todos los días hacemos uso del lenguaje escrito, por ejemplo, al escribir mensajes de texto, o correos electrónicos, cada vez es más difícil seguir instrucciones o entender un mensaje. En realidad los medios nos ofrecen experiencias y sensaciones… Cualquiera dirá: “Claro, la lectura también ofrece experiencias”, sin embargo, es una que se fabrica mediante la mezcla de varios elementos, como un conocimiento previo, la atención y el acto que implica la lectura: sentarse a pensar; pero los medios nos ofrecen información tan digerida y de fácil consumo, que es más fácil obtenerla.

Espacio virtual

Espacio… ¿Distópico?

En el documental: El dilema de las redes sociales, Tristan Harris, ex especialista en ética del diseño en Google, advirtió: las redes sociales no son en sí el mal y podemos controlarlas si las consumimos con responsabilidad, la pregunta sería, ¿es el ser humano capaz de anteponer su bienestar antes de satisfacer a su hedonismo? Yo no tengo la respuesta absoluta, pero el florecimiento de la mercadotecnia y el auge de los medios digitales podrían ser el indicador de que esto no es así.

Quizá el panorama no sea tan desesperanzador como para llamarlo distópico, quizá en realidad el ser humano en realidad sí está evolucionando, o quizá se está volviendo cada vez más hedonista, y esa actitud de “vivir al día” es la que lo llevará a decaer más… Quizá solamente debemos disfrutar y seguir “flojitos y cooperando”… Así una caída potencial dolerá menos.

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Sol Girón

Username: Soledad Morrison

Sol Girón. Egresada de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM y con una pretenciosa licenciatura en Lengua y Literaturas Hispánicas, se ha dedicado a la docencia, al marketing digital y a la gestión de redes sociales. Le interesan la política, la moda, el transcurrir del tiempo y los universos paralelos, los temas de género; es memera de corazón y sarcástica por vocación. Melómana empedernida, amante de la narrativa contemporánea, del café y de toda la cultura vanguardista. No tiene algo más original que ofrecer más que historias desequilibradas y faltas de sentido.

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