La muerte biológica. ¿Cómo se definen la vida y la muerte?

Dedicado a una buena amiga, hermosa persona y excelente profesora que, aunque ha dejado de respirar, no dejará de ser parte importante de nuestras vidas. Te queremos, Linda. 

¿Qué es la muerte? Esta pregunta ha intrigado a distintos pensadores desde el inicio de los tiempos. La filosofía, madre de la ciencia, ha planteado diversas propuestas para contestarla partiendo de conceptos como “humanidad”, “alma”, “cuerpo”, “espíritu”, entre otros. Evidentemente, al ser conceptos difíciles de definir por sí mismos, resulta complicado definir la muerte en función de éstos, por lo que ninguna de las respuestas a esta pregunta ha sido definitiva. Sin duda, es imposible definir la muerte sin referirnos a su contrapuesto, la vida. Entonces, ¿se podrá proporcionar una respuesta a esta interrogante por medio de la biología, ciencia que por definición estudia a la vida?

Vida minúscula: la célula

Podemos empezar a definir el concepto de “vida” partiendo de la forma de vida más pequeña que conocemos: la célula. ¿Qué tiene ésta de especial que le otorga esta condición? En primer lugar, tiene algo que lo limita del exterior, una membrana celular. Dentro de ella, posee una compleja organización molecular, íntimamente ligada a sus funciones vitales.

La célula ha generado mecanismos que le permiten tomar materia y energía de su entorno, transformarla para su beneficio y generar desechos que nuevamente libera hacia el exterior. Esta capacidad de transformar la materia, es decir, de llevar a cabo reacciones químicas, se conoce como metabolismo. Así, es de consenso entre los biólogos que para que algo esté vivo, debe tener metabolismo.

Aunado a esto, el metabolismo celular permite que las células puedan mantener su medio interno relativamente constante ante las condiciones cambiantes de su entorno, lo que se conoce como homeostasis. El metabolismo y la homeostasis son características imprescindibles de los organismos, de modo que, si estos procesos se detienen, la vida se detiene.

En el caso de los seres vivos que están formados por una sola célula, como las bacterias, podemos definir con relativa certeza el momento en el que dejan de estar vivas porque se detienen sus procesos metabólicos y, por consiguiente, cambia su medio interno. Así, puede ser relativamente sencillo determinar la muerte de una bacteria, pero éste no es el caso de los seres pluricelulares como los humanos.

Vida y muerte más allá de la célula

Los organismos pluricelulares estamos formados por muchas células, que se organizan en tejidos con funciones especializadas. Éstos a su vez forman los órganos y la organización de los sistemas de órganos constituye a un ser vivo completo. De esta manera, la vida de un individuo se logra a través de un complejo arreglo de muchas células diferentes, donde la función de cada tejido y órgano puede mantenerse aún si una sola célula se muere. Esto nos lleva a otra característica esencial de los seres vivos, la reproducción.

La reproducción a nivel celular se lleva a cabo mediante un proceso que permite generar dos células “hijas” idénticas a la célula que les da origen. De este modo, los organismos unicelulares pueden perpetuar su especie antes de morir y los pluricelulares podemos perpetuar nuestros tejidos, aunque nuestras células individuales mueran.  La piel humana, por ejemplo, tiene un recambio celular cada 24 horas, tiempo en que se mueren y reemplazan aproximadamente 40,000,000 células.

La tasa de recambio celular depende de cada tejido; mientras que en la piel o el estómago el recambio es alto, en otros tejidos, como los del sistema nervioso, es mínimo o nulo. Al ser un proceso constante, el recambio celular debe regularse muy bien, ya que si se generan más células de las que se mueren, o se mueren más de las que se generan, la función del tejido se puede ver comprometida.

La reproducción descontrolada de tejidos

muerte

El cáncer es un claro ejemplo de la reproducción descontrolada de las células de un tejido, lo que da origen a tumores. Esto puede tener graves consecuencias en la función del tejido, dependiendo de dónde se encuentre el tumor, y subsecuentemente en la vida del organismo.

Por otro lado, la muerte repentina de varias células dentro un tejido hará que éste no funcione de manera óptima hasta que el número inicial de células se recupere. Esta muerte repentina puede presentarse en condiciones como la isquemia, que surge cuando, por algún motivo, no llega suficiente irrigación sanguínea al tejido. Al no estar abastecido de oxígeno y nutrientes provenientes de la sangre, el tejido es incapaz de mantener la homeostasis y muere.

Las consecuencias del desbalance en número de células pueden variar dependiendo del órgano en el que se encuentre el tejido. La vesícula biliar, por ejemplo, es un órgano hasta cierto punto prescindible porque su función no es vital para mantener la homeostasis del resto del organismo. De este modo, si existen afecciones en algún órgano no vital, es posible que el organismo siga viviendo sin mayores consecuencias. En algunos casos, incluso se opta por remover al órgano afectado para evitar las complicaciones que podría tener la presencia de un órgano disfuncional dentro del cuerpo. Entonces, si la muerte de una célula, un tejido o incluso un órgano no es suficiente para que se presente la muerte de un individuo, ¿Qué debe suceder para que una persona pierda la vida?

Muerte de tejidos ≠ muerte

La definición legal de muerte en México establece a la cesación de la vida como la muerte encefálica (del cerebro) o el paro cardiaco irreversible. ¿Cómo es que los médicos pueden determinar que estos eventos hayan ocurrido? Algunos signos como la pérdida de la respiración, del pulso o de la conciencia pueden ser indicadores de fallas graves en los órganos vitales, como los pulmones, el corazón o el cerebro.

Estos órganos se consideran vitales porque abastecen de nutrientes al resto de los órganos o coordinan sus funciones. Así, si éstos dejan de funcionar, los demás órganos no pueden mantener su homeostasis durante mucho tiempo. Por ejemplo, tras algunos minutos de que un individuo deja de respirar, el cerebro presenta un daño prácticamente irreversible y es poco probable que el individuo se pueda recuperar. En contraste con esto, se han observado muchos casos donde, a pesar de haber presentado fallas graves en alguno de sus órganos vitales, los individuos han podido recuperarse del daño con asistencia médica y han podido seguir con su vida.

Esto es interesante por varias razones, en primer lugar, porque significa que, aun cuando los individuos hayan perdido sus signos vitales, no existe la certeza de la muerte definitiva. Evidentemente, esto complica la definición de muerte y, en consecuencia, el diagnóstico médico.  En segundo lugar, estas observaciones dejan claro que perder los signos vitales no es sinónimo de que todos los órganos hayan dejado de funcionar, sino que la mayoría es capaz de reestablecer su fisiología cuando se reestablece el aporte de nutrientes.

Donación, oportunidad de vida

En la mayoría de los casos, la gravedad del daño imposibilita recuperar el aporte de nutrientes hacia los órganos, pero eso no imposibilita que los órganos puedan seguir funcionando cuando se encuentren nuevamente en las condiciones adecuadas. Así, la capacidad que nuestros órganos tienen para mantenerse con vida durante algunos minutos u horas, (siempre y cuando estén en condiciones adecuadas) nos abre una ventana de oportunidades para la donación de órganos.

Con todo esto, es claro que definir la vida y la muerte, aún a la luz de la biología, no es algo trivial. Ante la imposibilidad de dar una definición precisa, nos queda tratar de aprovechar nuestra vida y considerar inscribirnos en algún programa de donación de órganos, para que, al momento de perderla, podamos ayudar a alguien más a aprovechar la suya.

Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on linkedin
LinkedIn
Share on whatsapp
WhatsApp
Rebeca Méndez

Username: Rebeca Méndez

Química Farmacobióloga, (casi) doctora en Ciencias Biomédicas. Le interesan los temas científicos, especialmente la biología y la neurociencia, pero puede discutir apasionadamente sobre casi cualquier cosa. Le encanta aprender, compartir lo que ha aprendido, comer rico y viajar.

Sigue nuestras redes sociales

1 comentario en “La muerte biológica. ¿Cómo se definen la vida y la muerte?”

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *