Fotografía callejera

La calle es la mejor escuela para hacer rap y para aprender fotografía.

Siempre, al principio de cada caminata fotográfica callejera, al salir con la cámara y empezar a apretar el botón temerosamente, me abordan algunas dudas, ¿me robarán la cámara?, ¿se enojarán porque los estoy fotografiando? Por suerte, disparos después recuerdo mi dogma personal de artista: soy fotógrafo y hacer estas fotografías es la razón de mi vida. Pensarlo siempre calla a mi superyó y me empuja a fluir a hacer foto. Esta mentalidad me funciona muy bien en eventos públicos como marchas y conciertos, donde es bien visto que haya fotógrafos.

Entonces, doy un salto enfrente de la comitiva, desde el piso giro a toda velocidad a tiempo que alzan el puño y gritan su enojo. Sigo fluyendo, salto y escalo otro carro alegórico, mi seguridad hace que las drag queens entren más en papel y griten saludando a su público. Sigo fluyendo y hay un reto más difícil enfrente, un mosh pit al ritmo de ska con jóvenes en estados alterados de conciencia en pleno bacanal de hermandad, se abre un espacio y me aviento al slam, siempre hay un golpe seguro pero el flash y el gran angular me aseguran un gran resultado visual.

Siempre que el retratado note la cámara se vuelve otra persona: el baterista hace caras sensuales, la bailarina salta más arriba y tú forzas la sonrisa si la selfie familiar demora mucho en tomarse. Todos tardamos una cantidad de tiempo diferente en volver a nuestra versión fotografiable. “Déjame ponerme de mi lado bueno”, “déjame cruzar los brazos para verme musculoso”. Conozco muy pocos fotógrafos que tienen la maestría para dirigir a sus modelos. Personalmente, la mayor parte del tiempo dejo que el modelo fluya y es mi responsabilidad capturar la pose talentosa y/o la sutileza irrepetible.

En busca de referentes de quién inspirarme encontré a un genio en dos áreas: dirigir modelos y luces artificiales, además de organizar el caos en el encuadre; hablo del fotógrafo Phillip-Lorca diCorcia, artista de la serie “Heads”. En Times Square colocó una cámara con una telefoto (lente para ver de lejos) y  flashes escondidos en varios puntos, con un disparador remoto Philip estaba listo para capturar algún personaje interesante que pasara en el punto exacto. Los transeúntes no se dieron cuenta del flash, ya que todo era bajo la luz del sol y él nunca les comunicó nada. Dos años y 4000 fotos después, expuso 17 fotografías en galería.

Poco tiempo después ocurrió algo que lo puso en jaque, a él y a toda la comunidad de fotógrafos callejeros. Erno Nussensweig, un judío ortodoxo, encontró su rostro expuesto y comercializado. Inmediatamente demandó a DiCorcia y a la galería por usar su imagen sin su permiso; pidió una orden judicial para evitar que se comercializara, más una compensación de 500 mil dólares, además de un millón y medio de dólares por “daños punitivos”, como castigo ejemplar.

Nussensweig argumentaba que su religión le prohíbe tener imágenes de él, la existencia de la impresión violentaba su derecho constitucional para practicar su religión.
El sistema judicial estadounidense es peculiar, todos los casos se revisan, y en muchos casos se llega a un acuerdo monetario, en especial para solventar los gastos del proceso.

Un juez de la Suprema Corte de Nueva York descartó la demanda sobreponiendo el derecho del fotógrafo a expresarse artísticamente por encima del derecho a la privacidad de un individuo. Todos los fotógrafos de calle pudimos respirar aliviados otra vez. Aunque no dudo que es debatible este caso, en especial por la parte económica, ya que el retrato se vendió 10 veces.

Otros casos de “uso comercial de la imagen propia y ajena” son los de los cantantes Ariana Grande y Justin Bieber quienes subieron a sus respectivas cuentas de Instagram fotografías que les habían tomado paparazzis en vía pública. Los fotógrafos los demandaron por recibir ganancias económicas de fotografías que no tenían permiso de usar (al ser influencers ganan dinero por el tráfico que provocan con los millones de likes.

 

Estos casos me dan seguridad legal en cuestión de fotografía callejera, pero en la gran ciudad es mucho más probable que te den un golpe y te rompan la cámara si le echas un flashazo sorpresivo a un señor agresivo que no ha tenido un buen día, a que se llegue a un proceso legal con abogados.
Vladimir Troyan
Fotógrafo: Vladimir Troyan

Hay muchos elementos técnicos para transmitir emociones a través de la fotografía, pero yo sí le creo a Robert Capa cuando dice: “Si tus fotos no son buenas es porque no estaban lo suficientemente cerca”. Esto me hizo conseguir un lente gran angular y obligarme a acercarme físicamente a lo retratado. Eso es fácil, romper el espacio personal ajeno y salir corriendo si se enoja, lo difícil es acercarse moralmente a lo retratado, hablar con ella/él, interesarse por su vida y que te cuenten sus problemas. Justo es ese el momento clave para hacer un balance y reconocer lo violenta que es la cámara. Todas las veces que se pueda, se debe hablar con la persona, describirle las intenciones fotográficas, pedirle permiso para usar su foto y, en caso de que no se pueda dialogar con el retratado, no romper ciertas barreras morales autoimpuestas.

Ya lo había meditado, pero hasta este texto escrito me lo impongo a mí mismo. No mostrar el rostro de personas que estén en posición desfavorecida y que no puedan opinar sobre tomarles foto (mensaje a mi yo del pasado con mi serie Vagabundos Soñando).

Aparte de esa regla ¡Todo está permitido! ¡Sal a la calle a tomar fotos! Habla con la gente, y si no, métete en problemas como DiCorcia, también se aprende de ellos.

Yo si le creo a Robert Capa cuando dice “si tus fotos no son buenas es porque no estaban lo suficientemente cerca”

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Diego Leyva

Username: Diego Leyva

"Artistoide", la parte del día que está despierto. Cuestionando absolutamente todo. Adicto a los podcasts, a hacer cadáveres exquisitos y evangelizador de la exploración espacial. Entró al mundo del arte dibujando cómics y haciendo teatro musical. En el camino se transformó en fotógrafo y trapecista. Animador y Modelador 3D en su empresa "Indie Tween". Actualmente está iniciando su estudio fotográfico "Epicentro", en Cuernavaca.

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1 comentario en “Fotografía callejera”

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