El terror en hercios. La banda sonora de El Resplandor de Kubrick

¡Solo condenaría a mis enemigos a ver películas sin música!

Estoy seguro que a ustedes también se lo han preguntado y, ¿quién sabe?, quizás hasta hayamos coincidido. A mí me lo han preguntado en distintas ocasiones y mi respuesta no ha cambiado a lo largo de los años: en mi opinión, una de las películas más aterradoras del cine es El Resplandor (1980), de Stanley Kubrick.

A pesar de haber sentido pavor con otros filmes, la adaptación de Kubrick de la novela de Stephen King logra sacudirme con fuerza cada vez que vuelvo a verla, y es por esa razón que cada cierto tiempo, lo hago nuevamente. La última vez que lo hice fue en noviembre pasado, sin embargo, en este visionado decidí intentar algo distinto: esta vez dirigí mi atención a la banda sonora y puedo decirles, sin temor al equívoco, que el terror también se escucha.

Al comenzar la película, lo primero que escuchamos es un fragmento modificado de la quinta parte de la Sinfonía Fantástica de Berlioz, la cual lleva por título “Songe d’une nuit de Sabbat”. Este fragmento proviene del himno latino “Dies Irae” del siglo XIII, cuya traducción es “Día de la ira” y su tema es el juicio final. “Quantus tremor est futurus”,

No es ningún secreto que Stephen King detestaba la adaptación de Kubrick. Alguna vez llegó a decir que la película le parecía “como un gran y hermoso Cadillac pero sin motor”; y a su vez Kubrick, quien había disfrutado mucho leyendo la novela de King, confesó a Michel Ciment en una entrevista que el final le parecía “trillado y no muy interesante”, por tal motivo solicitó la ayuda de Diane Johnson para extraer lo esencial de la trama y reescribir todas aquellas partes que le parecían débiles (y al parecer encontró muchas partes así).

El personaje de Jack Torrance fue uno de los puntos álgidos de este desencuentro, pues King consideraba que Jack era un personaje sin ningún tipo de arco dramático. Decía que, desde el comienzo, en la entrevista con el Señor Ullman, uno podía darse cuenta de que Jack estaba loco como una cabra, aunque muy posiblemente estaba en lo correcto, lo cierto es que la película acompaña la pérdida del juicio del personaje con algunas de las melodías más estremecedoras que uno pueda escuchar.  

Uno de los primeros momentos en que empezamos a desconfiar de Jack es aquel en que Wendy y Danny recorren el laberinto al comienzo de la película. Al verlo siempre me pregunto, ¿por qué este inocente momento entre madre e hijo es acompañado por una música ominosa? La propia música es la respuesta. Ésta empieza a sonar en la secuencia anterior en la que Jack mira una maqueta del laberinto con un semblante que no puede tranquilizar a nadie, pues la mirada de Jack se fundirá con un plano cenital del laberinto por el que caminan madre e hijo. La música es la que vincula, desde ese momento tan inicial, el posterior quiebre mental de Jack con la ulterior violencia hacia su familia. La música en cuestión es el tercer movimiento de la Música para cuerda, percusión y celesta del compositor húngaro Béla Bartók.

Kubrick

Compuesta en 1936 por encargo de Paul Sacher, director de la Orquesta de Cámara de Basilea, esta obra de Béla Bartók representa el momento de mayor madurez del compositor y etnomusicólogo; al mismo tiempo es salvaje, sofisticada y primitiva; aunque terrible. Si la música crea el estado de ánimo de una película al aportar una intensidad de color y significado que de otra manera no puede lograrse, entonces, este adagio que acompaña a Jack no puede ser más atinado. El sonar de los timbales, que poco a poco se hinchan, nos habla de algo que se acumula para después reventar, y sospechamos que algo similar empieza a ocurrir con Jack.

Como bien apunta Rachel Reeves en su sesudo análisis de esta banda sonora que lleva por título [Terror en la mesa giratoria] El Resplandor de Stanley Kubrick: un legado de perfección de banda sonora, Kubrick utiliza una instruida colección musical de autores de principios del siglo XX: Béla Bartók, György Ligeti y el más postrero Krzysztof Penderecki, este último participa con dos temas aterradores: The Awakening Of Jacob[2] y Utrenja.

The Awakening Of Jacob machacará nuestra sensibilidad en al menos dos secuencias claves: una tiene lugar cuando Jack, sentado en la mesa en la que escribe, está teniendo una pesadilla de la que despierta (con ayuda de Wendy) absolutamente horrorizado; la segunda es cuando Jack se mete en la habitación 237.

La primera es un pasaje especular en el que Jack, nombre hipocorístico de Jacob, despierta de un sueño espantoso, secuencia acompañada de la composición que Penderecki realizó mientras tenía en mente la historia del patriarca Jacob quien, según el Génesis, soñó con una escalera que llegaba al cielo por la que subían y bajaban los ángeles, y despertó asustado al saber que se encontraba en un lugar santo, donde exclamó: “¡Qué temible es este lugar!” No puede ser fortuita la elección musical de Kubrick.

Además, la segunda es un momento definitorio porque nos acerca un poco más a la idea de que lo que sucede en el Overlook es producto de lo sobrenatural y no simplemente la manifestación del desequilibrio mental de sus temporales inquilinos, esta cuestión quedará zanjada cuando el fallecido Grady libere a Jack de la alacena. En ambos casos Penderecki, hábil proveedor de ansiedades, arrastra a los personajes a una densa niebla de trémolos y glissandos marcada por sonidos delirantes que nos permiten sentir la locura que poco a poco se apodera de Jack.

No me queda duda que El resplandor es una película que logra dialogar muy bien con nuestra situación actual: los problemas psicológicos y emocionales que surgen del encierro prolongado, el riesgo terrible de salir y la necesidad que a tantos obligó a romper el aislamiento, la violencia contra la mujer que lejos de parar va en aumento, el espacio doméstico que para los más afortunados se volvió el único espacio: lugar quimérico y muchas veces demencial que nos recuerda a la oficina de Ullman con su ventana imposible. El Overlook es este mundo decrépito que habitamos y la pandemia es la locura de Jack que nos amenaza con su hacha de muerte, despojo y miseria; tendremos que apresurarnos a ponerle un fin antes de que la música anuncie peores desgracias.  

[1] ¡Cuánto terror habrá en el futuro!

[2] El despertar de Jacob.

Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on linkedin
LinkedIn
Share on whatsapp
WhatsApp

Username: Cicio Petrus Aguirre

Es un coleccionista de recuerdos ajenos que después evoca como si fueran propios; dedicado escuchador y cultivador del arte de la charla. Latinoamericanista y aspirante a documentalista, sopla un tubo dorado para no quedarse loco. El jazz y sus anécdotas le gustan casi tanto como el cine.

Sigue nuestras redes sociales:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *