El futbol espectáculo en tiempos de Covid y la “afición digital”

El 14 de marzo acudí al Estadio Olímpico Universitario para ser testigo de lo que, consideré, sería un hecho histórico: el equipo femenil de Pumas enfrentaba a su similar, Cruz Azul, y lo hacía por primera vez en ese recinto. El acontecimiento significaba un paso importante para el desarrollo del balompié femenil mexicano. Alrededor de 22 mil personas acudieron al evento y apoyaron a las jugadoras, quienes no defraudaron a la afición. La importancia del evento, sin embargo, no recayó solamente en el hecho de que se tratara de un partido protagonizado por mujeres: además, fue el último encuentro futbolístico que se celebró con público en la Ciudad de México. Apenas unas horas después de terminado el partido, la Federación Mexicana de Futbol (FMF) anunció que el resto de la jornada de las ligas varonil y femenil se jugarían a puerta cerrada. Más tarde los torneos fueron suspendidos.

Estadio Azul Vacío
Estadio Azul. Torneo de Clausura 2017. Fotografía: Sol Girón

La vida sin futbol

La mayor parte de los torneos del mundo detuvieron sus competiciones, salvo algunos rarísimos casos, como los de Nicaragua y Bielorrusia. Ante la paralización del gran negocio del balompié debido a la emergencia sanitaria, los ingresos de todos los equipos se redujeron drásticamente. En ese contexto, los clubes tomaron medidas extremas: algunos jugadores aceptaron la reducción temporal de su salario para poder solventar los gastos del resto de los trabajadores, como fue el caso del Barcelona. Otros equipos optaron por despedir a parte de su plantilla, como el FC Sion, de la Superliga suiza.

El periodismo deportivo, por su parte, también resintió la ausencia del futbol. Al no haber eventos, parecía que los comunicadores no tenían nada que informar, así que apelaron al pasado, recurrieron a repetir partidos memorables en la historia del balompié – Copas del Mundo, Liga de Campeones de Europa, lo que fuera con tal de no perder público – y de ese modo sobrevivieron un tiempo.

No obstante, era evidente que futbolistas, empresarios y medios, no podrían resistir mucho tiempo más sin reactivar el negocio. En México, el balompié se reanudó con un torneo amistoso que llevó el curioso nombre de “Copa por México”, patrocinada por GNP seguros. El torneo, más que jugarse para obtener recursos en favor de la lucha contra el coronavirus, resultó un esfuerzo desesperado por no perder más dinero. Además, sirvió de experimento para llevar a la afición al estadio, no físicamente, pero sí de modo digital.

La afición digital

Con ayuda de la tecnología, los asientos vacíos fueron cubiertos con la proyección de los rostros de un número de aficionados que seguían la transmisión vía remota. La ausencia de gritos y cánticos, por otro lado, fue combatida con grabaciones de partidos anteriores: abucheos repetitivos, porras conocidas, gritos de “gol” que trataran de imprimir “realidad” a un espectáculo sin público en las gradas.

El intento me pareció soso y absurdo. Prefería escuchar los gritos de los propios futbolistas – “tírala larga”, “te caen, te caen”, “esa es de tarjeta, árbitro” – o los regaños de los técnicos, a ser testigo de un engaño que, por cierto, todo el mundo sabía que lo era. Extrañé la experiencia en el estadio, la risa en el graderío, el olor a cerveza – que, por cierto, detesto –, los creativos insultos a los árbitros y el ardor en la garganta después de tantos gritos. No, ocupar tu lugar como aficionado vía remota no tenía el mismo efecto catártico.

Me pregunté si este era el futuro que nos esperaba. ¿Asistimos al nacimiento de una “afición digital” que sustituirá a la afición en los estadios? Por un tiempo será así, pero volveremos, porque al final, la presencia física es insustituible. ¿Qué significa esto? ¿Es un rechazo al mundo digital, una declaración de odio al desarrollo tecnológico? Tampoco. Después de ver varios partidos y decidir no ver más hasta la vuelta de la afición a las gradas concluí que la esfera de lo digital permite vivir otras experiencias que no reemplazan a las vividas desde lo “no digital”. Es decir, en cierto sentido formo parte de la “afición digital” desde que veo los partidos de la Champions League por mi teléfono, sigo a las ligas europeas o veo la Copa del Mundo por televisión cada cuatro años, sin embargo, eso no suplanta mi experiencia favorita: la visita al estadio, la percepción de los aromas, los sonidos inesperados, el contacto con la gente, lo impredecible y sorpresivo.

El mundo digital y el “no digital” se complementan, no se sustituyen. No dejaré de ser un “aficionado digital”, pero sé que esto no me basta.  Ya quiero gritar “gol” sin sentir que es una grabación la que lo hace conmigo.

Username: Cacomixtle

Autor: Giovanni Alejandro Pérez Uriarte.

 Licenciado en Estudios Latinoamericanos y Maestro en Historia por la UNAM. Sus investigaciones versan sobre la historia social y cultural del futbol. Desde que era un niño supo que quería ser historiador. Le gustan las palabras esdrújulas, andar en bicicleta y mirar cacomixtles, a quienes considera sus hermanes. Se considera torpe en el uso de la tecnología. Quizá por eso el mundo digital le parece enigmático, misterioso y casi inevitable.

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