El feminismo es para las que lo rompen todo y para las que no

El edificio de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos de la Ciudad de México, en la calle de cuba número sesenta, se convirtió desde el pasado 3 de septiembre por la tarde en la sede de protesta de familiares de mujeres víctimas de la violencia de género, como Yesenia Zamudio, la madre de María de Jesús, una víctima de feminicidio; Erika Martínez, madre de una niña que fue víctima de violación a los siete años de edad; y de diversas colectivas feministas de diversas partes del país que con el pasar de los días se van sumando con sus demandas.

En México, diariamente se reportan entre 9 y 11 muertes violentas de mujeres, y que el día a día de la mujer en este país reúne un catálogo de abusos que ni siquiera con la muerte logra acabar. La consigna: que se deje de vivir como si esto no pasara y que dejen de invisibilizar la lucha de las mujeres.

Esto ocurre cuando el presidente de la República Mexicana, Andrés Manuel López Obrador, anuncia como uno de los logros de su segundo año de gobierno, la disminución de feminicidios con cifras que indican lo contrario, según María Salguero, responsable del portal Los Feminicidios en México, para La Silla Rota; o cuando, tras los primeros casos de feminicidio nombrados en Ciudad Juárez antes del inicio del segundo milenio, el gobierno local lo atribuyó a la creciente migración, el crimen organizado y hasta a la marginación; pero nunca a la violencia sistemática contra la mujer, aun cuando la Comisión Interamericana de Derechos Humanos lo concluyó años después.

Marcha del 8 de marzo del 2020 Fotografía: Sol Girón

Las consecuencias de una promesa rota

Desde que la violencia hacia la mujer dejó de lado todo decoro y alcanzó niveles más altos, cada mujer, feminista o no, buscó el espacio donde vivir su lucha y donde comunicar a los suyos su deseo de cambio. Durante años, las mujeres y también los familiares de las víctimas, buscaron abrirse espacio en el terreno de lo legal, por medio de la educación, e incluso por otras iniciativas que apuestan por la renovación cultural; por ello las activistas tuvieron que aprender a manifestarse en las calles, al ritmo que la sociedad cambiaba. Las formas más nuevas de protesta han sido la apropiación e intervención de espacios, como el Monumento a la Independencia de México, edificios donde se ejerce la justicia o la reciente toma de la sede de la CNDH, e incluso los retratos de personajes clave en la historia de México como Francisco I. Madero, Miguel Hidalgo o José María Morelos y Pavón. No hay una sola lucha ni una única forma de exigir.

Haciendo un recorrido histórico, podemos visualizar el surgimiento del movimiento feminista y el desarrollo de estas olas a través de los siglos. Aunque las mujeres estuvieron en pie de lucha desde mucho antes, la primer batalla fue por los derechos humanos fundamentales después de la revolución francesa, cuando las mujeres se dieron cuenta de que la victoria, de la que ellas también fueron parte, las excluía. Luego, la lucha por conseguir el voto en muchas partes del mundo, la cual exigió de ellas la acción pública, salir de la discusión intelectual para irrumpir en lo público y político; aquí fue cuando una misma causa comenzó a diversificarse entre formas más institucionales y otras más radicales. La lucha comienza a complejizarse de forma lógica y alcanza otros espacios.

El surgimiento de los feminismos

Han surgido obras que intentan concienciar y han generado más oleajes en el movimiento. Un ejemplo es El segundo sexo, de Simone de Beauvoir, con su frase “No se nace mujer, se llega a serlo”. En esta época las mujeres comenzaban a ver de forma más palpable este problema: desde el trabajo, hasta el sistema social en donde coexistían. Se tuvo que hablar de una doble exclusión. En ese momento, la lucha ya no era sólo por los derechos humanos o por conquistar el derecho al voto, sino por todo un sistema donde ellas eran desfavorecidas.

El movimiento feminista ya no es un ente homogéneo, lo que ha provocado el surgimiento de más feminismos, que funcionan como respuestas frente a las confusiones o divisiones.

Partamos de una primera imagen: el movimiento feminista como el escenario donde se expresan y luchan las mujeres que se enfrentan a la esclavitud e injusticias que, a pesar de tantas colectivas e iniciativas gubernamentales, no terminan. Con estas luchas nos referimos a rostros concretos, diferentes colores de piel, distintos cortes de cabello, cuerpos inigualables e historias de vida únicas que son borradas frente al multiforme rostro del opresor.

La lucha de estos feminismos sucede, contra todo diagnóstico, en lo cotidiano. Ahora el feminismo se va formando ahí, lejos de la institución y de la convención. Marcela Lagarde, feminista investigadora, descubre en su libro sobre Los cautiverios de las mujeres: “un sinfín de vericuetos y una cantidad indescriptible de formas en que las mujeres aprovechan sus condiciones de vida, en que evaden las sanciones, eluden los poderes, enfrentan las situaciones más difíciles y sobreviven”.

La mujer feminista: La ganadora invisible

Con una mirada crítica, podemos ver que en la historia, en todas las luchas históricas por la conquista de derechos, aunque la participación de algunas mujeres fuera crucial para las luchas, las victorias no eran del mismo modo para ellas. Y es que conforme avanzamos en el desarrollo del capitalismo, éste es muy dado a invisibilizar o a agrupar en una masa con etiqueta y también negar a las otras la posibilidad de emitir palabras a diestra y siniestra. Incluso la producción del conocimiento actúa en la línea de la invisibilidad, a partir del establecimiento de las dicotomías en los conceptos, la linealidad con que se miran los fenómenos en el tiempo, las categorías sociales normatizadas, la lógica de las estructuras de poder, el utilitarismo y la mirada exclusivamente económica de la realidad social. “El otro se sitúa como espacio negado debido a la forma en que el conocimiento se ha construido desde lo universal, cancelando, por un lado, la diversidad de experiencias e historias locales, y por otro, la potencialidad de las distintas formas de construcción de conocimiento”, señalan Paola Contreras y Macarena Trujillo, haciendo una crítica a las epistemologías coloniales o desde el poder.

Aquí encontramos las principales problemáticas para la mujer, pues en todos los casos se ve desfavorecida. De las dicotomías se desprenden argumentos erróneos que atentan contra los movimientos feministas como la idea de que la mujer busca destronar al hombre para colocarse en él, ejemplo donde además se reconoce una posición de mando y otra de subalterno.

Marcha del 8 de marzo del 2020 Fotografía: Sol Girón

Igualdad en derechos humanos. Un propósito en proceso

Hoy, muchos de los derechos que desde sus orígenes se perseguían han sido alcanzados. Actualmente, dentro del derecho y de las instituciones o los servicios públicos, se ha alcanzado el reconocimiento, e incluso el discurso de la igualdad es algo más tangible. A pesar de todo la realidad de las mujeres en su vida cotidiana sigue siendo difícil y hasta extremos insufrible.

Frente a la realidad del mundo contemporáneo, el movimiento feminista tiene dos destinos naturales: morir o seguirse transformando.

Si apostamos por el fin del feminismo, aceptamos que no hay nada más por qué luchar; en cambio, si se opta por la opción de la renovación, la consigna debe ser atender todas las situaciones de cautiverio e injusticias que todavía enfrenta la mujer y llevarlas hasta las últimas consecuencias, lo que implica abrir espacios para la expresión individual y creativa de cada una. “Se trata tanto de sumar esfuerzos como de ampliar los puntos de enfoque de los diferentes sectores afectados”, responden Carmen Molet y Olga Bernard a la pregunta de si debemos continuar hablando de feminismos.

El fin del feminismo no es opción…

El feminismo tiene mucho por qué luchar, pero no basta hacerlo únicamente desde un aspecto legal. Como muchas autoras lo manifiestan, hay que encarnar la lucha en actitudes que lleven a cambios positivos en la teoría y en la práctica, ya que: “es una apuesta por deconstruir las prácticas convencionales en el marco de la investigación científica, desde una perspectiva crítica y propositiva, permitiendo avanzar hacia una praxis liberadora del conocimiento para disminuir las relaciones de poder entre hombres y mujeres, comentan también Paola Contreras y Macarena Trujillo.

Las teorías feministas y el movimiento siempre han ido de la mano y se inspiran uno al otro, como resultado de las experiencias de cada mujer; pero sin relativismos o juicios de valor. Hablar de feminismos por medio de la teoría es hacer una descripción vivida de los conflictos de las mujeres, de sus intentos por generar políticas y comprometer su propia vida, por lo que protestan y que reconocen que ellas mismas viven.

El feminismo es un movimiento que nunca podrá ser estático. La represión de la figura femenina en dinámicas políticas, incluso a la educación, fue lo que motivó a las primeras feministas a darse a conocer entre los intelectuales de la época, y recordar esto es lo que hoy motiva a las activistas más jóvenes. Es importante tener presente que el feminismo nunca ha sido algo ideal o abstracto. Los contextos sociales lo han hecho diverso, dirigido a las mujeres para que realicen su lucha diaria; desde las que van a marchas hasta las que preparan a sus hijas para un futuro distinto.

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