El canto como conjuro contra el miedo: un puente sonoro entre Billie Holiday y Vivir Quintana

¿Qué imagen puede evocar el más profundo terror en un espectador? Y más aún, ¿qué canción musicalizaría perfectamente la contemplación de una escena de lo más dantesca? Escarbando en mis miedos más profundos, mi mente empieza a configurar algunos posibles escenarios y visualizo los senderos que rodearían un campo algodonero hace aproximadamente un siglo. Me adentro entre los árboles cuando, ante mis ojos atónitos y desorbitados, se despliega el cuerpo inerte de una persona afroamericana, quien cuelga sangrante de las ramas, con una cuerda que corta su garganta.

“De los árboles sureños pende una extraña fruta, hay sangre en sus ramas y sangre en sus raíces, cuerpos negros que balancea la brisa del sur, extraña es la fruta que cuelga de los álamos”.

Por otro lado, configuro en mi cabeza un panorama que resulta un tanto más familiar: en una calle cualquiera, en un barrio cualquiera de este enorme cementerio llamado México, si de algo tenemos certeza, es que el miedo se ha metido por nuestros poros; pero ahora imagina que mientras vas pasando por ese lote baldío, un escalofrío recorre tu cuerpo de pies a cabeza. Tu mirada hacia el piso distingue un zapato de mujer sin su otro par, pocos metros dentro del baldío una prenda hecha girones y, un poco más allá, unas bolsas de basura negras y grandes…

“A cada minuto, de cada semana, nos roban amigas, nos matan hermanas, destrozan sus cuerpos, los desaparecen”.

Ante tales imágenes, ¿quién se atrevería a narrar los horrores de una muerte con extrema violencia? ¿Quién podría transmitirnos el miedo de ser afrodescendiente en el racista sur de los Estados Unidos? ¿Quién puede enunciar el desasosiego de vivir en una tierra bañada en sangre de mujer? La historia debe estar llena de respuestas ante estos desoladores cuestionamientos. Sin embargo, en este texto me propongo rescatar dos figuras, dos mujeres que alzaron la voz ante el ataque paralizador del miedo.

La primera es la cantante de jazz afroamericana, Billie Holiday, quien denunció, a través de su desgarradora interpretación del tema Strange Fruit, el genocidio perpetrado por los supremacistas blancos del sur de la unión americana, quienes ante el menor atisbo de “desobediencia” y con el fin de “prevenir la insubordinación”, linchaban y quemaban vivos a sus trabajadores afrodescendientes, para terminar por exponer sus cadáveres tambaleantes en las ramas de los árboles, con el más enfermizo orgullo. La pieza fue compuesta en el año de 1939 por el profesor comunista judío Abel Meeropol, quien denunciaba en su letra esta práctica bárbara, de la que tuvo conocimiento a través de unas macabras fotografías que mostraban este repudiable acto.

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Por su parte, Holiday fue una de las más grandes cantantes de jazz de los años 30 y 40, en los Estados Unidos. No obstante, vivió el racismo en carne propia, por lo que logró dotar la canción de un sentimiento que sólo podía provenir de la experiencia y absoluta comprensión de los horrores descritos en cada estrofa. Por lo tanto, no es extraño que tras interpretar Strange Fruit por primera vez en el Club Café Society, dejara a la audiencia enmudecida. Tiempo después, esta canción se escucharía fuerte y clara en la sinfonía del movimiento por los derechos civiles.

Poco más de ochenta años después del estreno de Strange Fruit, la cantautora coahuilense, Vivir Quintana, ha compuesto una pieza musical titulada de forma contundente Canción sin miedo, interpretada por primera vez en un concierto en el Zócalo de la Ciudad de México el 7 de marzo de 2020, en conmemoración del Día Internacional de la Mujer.

Esta composición evoca el temor que inspira el contexto mexicano actual, en donde al menos una decena de feminicidios se perpetran en la más intolerable impunidad. Sin embargo, esta canción no se queda sólo en la denuncia. A lo largo de sus estrofas, el valor y la esperanza se entonan con fuerza prodigiosa: “Nos sembraron miedo, nos crecieron alas”, lo cual la convierte en una suerte de himno de batalla del movimiento feminista contemporáneo.

Es así que, escuchando ambas melodías, me percato de que hay una tácita pero muy íntima relación entre ambas, a pesar de haberse creado en contextos y épocas diferentes, encuentro el mismo propósito en ellas: ser un conjuro eficaz contra el miedo. El miedo puede inmovilizarnos, pero también despierta ese instinto de supervivencia que nos hace dar ese paso hacia adelante para crecer y reinventarnos, para luchar y cambiar este entorno que nos va arrancando de a poco, o de tajo, la vida misma.

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Dalila Castillo Alonso

Username: Dalila Castillo Alonso

Latinoamericanista inconclusa. Mi sueño guajiro es vivir de la escritura creativa y la docencia. Formé parte del equipo fundador de la Revista del Colegio de Estudios Latinoamericanos. Me apasionan las novelas gráficas, las caminatas largas y tengo un gran amor por mis mascotas.

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